Hay una versión de Ashlie Santizo que casi nadie ve. La que la mayoría conoce está sentada frente a un consultante, presente y cálida, sosteniendo el dolor de alguien que llega con ansiedad, con una separación a cuestas, con una pérdida que no sabe cómo nombrar. Esa Ashlie escucha, acompaña, contiene. Pero detrás de esa calma hay una segunda jornada que el consultante no alcanza a ver: la de los procesos administrativos que un negocio necesita para sostenerse. Los que no se notan cuando funcionan, pero le quitaban la paz cuando no —los que la obligaban a revisar sus ingresos de noche para poder dormir tranquila—. Dos trabajos en uno. Y hubo un año en que el segundo casi termina con el primero.
En De ti, para ti invitamos a guatemaltecos que construyeron algo que importa a hacer una pausa poco común: escribirle una carta a su yo del pasado y leerla frente a cámara. No para presumir lo logrado, sino para honrar a quien lo hizo posible —el que dudaba, el que cargaba solo, el que no sabía si valdría la pena seguir—. En cada episodio, una voz y una carta. Esta vez, la de Ashlie Santizo, psicóloga clínica y fundadora de Thrive Psicología Guatemala.
Quién es hoy.
Hoy Ashlie acompaña a cientos de personas en su proceso de sanación emocional, y no lo hace sola: dirige un equipo de cuatro psicoterapeutas en Thrive Psicología Guatemala, y juntas atienden a consultantes dentro y fuera del país. Es psicóloga clínica especializada en adultos y parejas, y trabaja sobre todo temas de ansiedad, depresión, crisis emocional, distanciamiento, infidelidad y separación. La mayoría de quienes llegan a su consulta tienen entre 24 y 36 años.
Quienes la rodean la describen como enérgica, cálida y profundamente humana. Fuera de la consulta disfruta viajar, cocinar, correr y compartir con los suyos. Y reconoce, con la misma honestidad que pide a sus consultantes, lo que más le cuesta: parar y descansar. Trabaja sin tregua por sus metas y por estar presente para cada persona que la busca.
Contexto. Una clínica de salud mental es, además, un negocio. Hay una doble labor que rara vez se nombra: más allá de cuidar a quien está en sesión, hace falta sostener procesos administrativos claros que fluyan. Cuando esos procesos fallan, la terapia no es lo único que se resiente.
Eso —dice— es lo que la gente no entiende hasta que entra a la industria: que acompañar emocionalmente a alguien exige, por detrás, una operación que funcione.
Quién era antes.
La carta de Ashlie le habla a una fecha precisa: 2023. Fue, en sus palabras, un año agridulce. Se comprometió y se casó y, ese mismo año, falleció su abuelo. Tantas emociones a la vez que la recuerda con una imagen de videojuego: esa nube de tormenta de Mario Kart que persigue al jugador y no se aparta de encima.
En lo profesional, el año la encontró cargando sola toda la operación de la clínica. Cada movimiento dependía de ella: mandar el número de cuenta, confirmar si la transferencia había entrado, esperar a quien no pagaba a tiempo, confiar en la palabra del otro. Para cobrar con tarjeta usaba un servicio con mensualidad más comisión: útil, pero caro de sostener, y un peso constante sobre los gastos de la clínica. Los procesos eran rígidos y lentos, y a veces alguien terminaba yéndose sin pagar. Llegó a estar a punto de cerrar.
Hubo un año en que sostener la clínica costó más que sostener a quienes llegaban a ella.
Y, sin embargo, ese mismo año duro le dejó una claridad que no esperaba. La cercanía con sus consultantes le mostró su propósito con nitidez: seguir acompañando a más personas en los momentos dulces y en los amargos.
La carta.
Y entonces le escribió a esa Ashlie de 2023, la que la pasó mal y estuvo a punto de cerrar. La carta vive en el video que sigue, donde la lee en voz alta y cuenta, con calma, lo que vino después de aquel año.
Después de la carta.
Cuando le pedimos escribir la carta, lo primero que apareció fue la Ashlie de 2023: la que la pasó muy mal, la que estuvo cerca de soltar. Escribirla, dice, la obligó a detenerse y a recordar todo lo que ha crecido. Y al leerla en voz alta sintió nostalgia y un agradecimiento hondo —por las muchas horas de trabajo que nadie ve, por la incertidumbre de las épocas bajas, por una resiliencia que no sabía que tenía—. La carta le devolvió, de golpe, sus logros, sus retos y sus sueños cumplidos. No imaginaba llegar a tantas personas, ni a tantos países, como lo ha hecho desde que cambió la forma en que cobra.
Casi todos guardamos un año agridulce: uno en que algo se construía mientras otra cosa se venía abajo.
Y vos, ¿qué le escribirías?
Una versión nuestra cargó sola, dudó, estuvo cerca de soltar. Si hoy pudieras escribirle, con todo lo que ya sabés, ¿qué le dirías para que aguantara un poco más? ¿De qué la liberarías?
Fuentes citadas
- Thrive Psicología Guatemala — sitio del negocio (Canva).
- Recurrente — plataforma de cobros en línea referenciada en la historia.
- Respuestas del formulario del protagonista (fuente primaria, autorreporte de Ashlie Santizo).